
Rafael Estrada Michel
Benigno Hidalgo había nacido en Tordesillas. Si vino a Salamanca fue porque allá no había trabajo. Nada más.
Con lo que le pagaban en las obras de restauración del palacio le parecía que bien cruzado tenía el umbral de la pobreza. Ya metidos en eso de cruzar, no consideraba pecaminoso el cruzarse, cada día, hacia los Capuchinos, madrugadores siempre, y tomar un poco de guita del cesto de la colecta. Dejaba, eso sí y nunca mejor dicho, religiosamente, el vuelto de la comida del día anterior. Y, si era posible, retiraba siempre la misma cantidad, justo lo que le cobraban en el comedor universitario –el más barato de la zona, sólo sesenta duros[1]– saludando al padre Vélez (Feliciano le llamaban los más) quien, cieguito como estaba, no acertaba sino a sonreír al escuchar el diario tintineo de las monedas. Pobre. Ignoraba que le estaban robando frente a sus narices. ¡Lo que tiene que padecerse en nombre de Nuestra Santa Madre!
El día en que se le hizo tarde pensó en no coger nada. Pero el hambre apremia y el día de paga se hallaba lejos. Benigno Hidalgo cruzó el portón, se santiguó y fue directo al altar. Una beata rezandera, de las que llegaban siempre cuando él salía rumbo al curro, se había hecho del sitio más adelantado. Igual le dio. No se fijaría. Y si lo hacía, ¿qué más daba? Él era pobre y se notaba. Lástima que no hubiese billetes. En tener que separar las monedas halló la desgracia. No tuvo tiempo de sacar el vuelto del bolsillo del abrigo.
“Devuelvo siempre los cambios”. “El padre dijo el domingo que la colecta es para los pobres”. Nada más pudo alegar en el sumario. La contundencia de los argumentos no fue suficiente para apaciguar a Feliciano (“El que tenga oídos que oiga”). Tampoco al obispado, que jamás consideró el desistimiento. Las cosas santas santamente se han de tratar. La beata murió en un único seno, santo, católico, apostólico y romano. Vélez también, aunque sin verlo. De Benigno es poco más lo que se sabe. Su hijo, diputado de Izquierda Unida, obtuvo del Parlamento una moción para estudiar el retiro del subsidio eclesiástico. Sigue en comisiones.
[1] Pero le salió caro, pues de él se llevó la impresión de que resultaba muy intelectual detestar a gitanos, moros, sudacas y guiris. N. del T.
