Humillación

Rubem Fonseca


¿Ya fuiste humillada? ¿Menospreciada? ¿Desdeñada? ¿Ultrajada? A mí ya me tocó. Antes me ponía pálida, me avergonzaba, me daban ganas de morirme. Eso ya se acabó. Y les voy a decir cómo pasó. Es una historia breve, no les va a quitar mucho tiempo.

Puse un anuncio en el periódico. Bueno, en aquellas páginas que usan las prostitutas, los clientes, los tipos en busca de sexo. Las hay en todos los periódicos, escondidas entre las páginas de pequeños anuncios comerciales.

CRISTINA, MUJER JOVEN, ESBELTA, BONITA. PRECIO RAZONABLE. HAGO DE TODO, INCLUSO COSAS QUE EL CLIENTE NI SE IMAGINA. SERVICIO A DOMICILIO. APARTADO POSTAL 555.

Fui a la casa del primero que respondió a mi anuncio. Toqué el timbre. Un tipo medio calvo, de cabellos cenicientos, me abrió la puerta.

—Soy Cristina.

—¿Qué?

—Soy Cristina, la del anuncio.

Después de que se le pasó el susto, me dijo:

—¿No que eras joven, esbelta y bonita? Lo que veo frente a mí es una gorda de más de cien kilos.

—Ciento diez —corregí.

—¿Crees que voy a pagar para coger con un bodrio como tú? Puedes largarte, ballena.

Entonces le clavé al tipo el cuchillo. Se lo clavé hondo. Los gordos tienen mucha fuerza en los brazos y usan ropa amplia, perfecta para esconder cuchillos o armas de otro tipo.

Se cayó al piso. Verifiqué que estuviera muerto. Busqué y hallé el recorte de mi anuncio, que puse en mi bolsa junto con el cuchillo, que enjuagué en el lavabo del baño. La cartera del sujeto estaba llena de dinero, pero no soy ladrona.

Salí y pasé por la pastelería. El mesero me recibió amablemente. Los meseros siempre me tratan muy bien.

—¿Lo de siempre, señorita? ¿El pastel, el bote de helado y los chocolates?

—También voy a querer una caja de dulces de mantequilla.

Tomé el paquete y me fui a casa. Comencé por el pastel, después me comí los chocolates y al último el helado. Chupé los caramelos mientras veía la tele.

Tenía que estar gorda, muy gorda, no podía pesar menos de cien kilos. Era la única manera de vengarme de aquellos a los que les gustaba humillar a los demás.

Mañana sale otro de mis anuncios en el periódico.


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