
Marimer Baltazar
Andalucía, 20 de mayo de 2075.
Mi compañero se ha enojado de nuevo. Dice que estoy obsesionado y puede que tenga razón, pero no puedo evitar que me dé calma releer esa promesa de tiempos mejores:
“Reglamento:
Aviso: no hay salvavidas presente.
No se permiten alimentos ni bebidas dentro o en el área de la piscina.
Favor de ducharse antes de entrar.
Prohibido tirarse de cabeza al agua.
La temperatura del agua no debe superar los 104° F.
Capacidad 80 personas. “
Me gusta imaginar que estoy en una de esas piscinas con otras setenta y nueve personas, sentir el agua rodeándome, flotar sin miedo, como en la foto. Pensar cómo era la vida antes, donde “ducharse antes de entrar” era una instrucción tan cotidiana como hoy gritar “prohibido compartir su ración”.
Esta vez Aníbal se me fue a los gritos:
— Todas esas tonterías son las que nos trajeron aquí ¿sí sabes, no? Joder chaval, uno con dolor de riñón y tu hablando de ducharse. Maldita la hora en que te encontraste eso. Pesado —me dijo, y que no estoy hecho para esto, que llegar hasta aquí es un honor y una gran responsabilidad porque estamos defendiendo la supervivencia de la República.
Supongo que tiene algo de razón en ambas cosas. A diario nos repiten que “nuestros líderes y nuestro futuro beben de esta agua”. Todos se lo toman muy en serio y no le puedo contar a nadie que acabé aquí porque quería ver mucha agua limpia junta. Bendita razón para enlistarse en el ejército. Como yo lo veo, la guerra te va a alcanzar de una forma u otra, así que mejor ponerse de voluntario.
Andalucía, Egipto, Taiwán y Nuevo Vietnam son de los pocos bastiones que mantienen la purificación del agua sin alteraciones. Cada cierto tiempo el búnker donde se guarda el líquido purificado es atacado por franceses, italianos o alemanes. Últimamente todo ha estado muy tranquilo debido a las guerras del silicio donde hubo muchas bajas y se dice que les está costando rearticularse por problemas internos.
La ironía es que pasa el tiempo y sigo cuidando el perímetro, ni esperanzas de ver los tanques.
Andalucía, 1 de junio de 2075.
Nos han jodido y nos han jodido bien. Se infiltraron por la noche, suenan ingleses pero que al final no importa, cogimos las armas y sí que defendimos la tecnología de la planta. Pero ya estaban adentro, burlaron la seguridad del búnker, mataron a todos los compañeros que cuidaban los tanques de agua. Tienen de esas cosas que te joden la cabeza con ondas electromagnéticas.
He corrido en nombre de la República. Son meses de agua para todas las familias. Entré a la zona de tanques, pero… no pude evitar distraerme. Toda mi vida había soñado con algo así. Fue como convertirse en crío.
Es la cosa más hermosa que he visto: litros y litros de agua cristalina. “Así deben haber sido las piscinas” pensé, estaba tan emocionado que no escuché los pasos detrás. La he cagado, pues. Para cuando me di cuenta ya estaba herido y cayendo en dirección al tanque. “Prohibido tirarse al agua de cabeza”, primer fallo; el agua está muy lejos de los 104ºF, segundo fallo; al menos no traigo alimentos ni bebidas.
Es curioso, siento el agua rodeándome y se me olvida el dolor del metal haciendo un hoyo en el costado. “Estoy flotando, Aníbal”, digo en voz alta pero nadie me escucha. En efecto no hay salvavidas presentes. Lo último que alcanzo a escuchar me hace pensar que hemos perdido el sitio.
Si alguien se toma el tiempo de revisar esta caja negra mental, perdón por no defender el futuro de la República y, sobre todo, por no haberme duchado antes de entrar.
