El fósforo

Dominique Mirroir


Un fósforo esbelto y cabezón pasaba sus días pensando. Lo corroía la duda: ¿Salir y prenderse fuego? ¿Quedarse y perderse la luz?… ¿qué habría fuera de la caja de cartón? No se atrevía siquiera a asomar la mirada por el borde. Había escuchado, en las historias que se contaban por la noche, que afuera los hacían arder.  El fósforo esbelto y cabezón cavilaba y, helado de miedo, trataba de esconderse debajo de los fósforos que aún llenaban la caja, evitando ser el próximo elegido. Un día no tuvo oportunidad de pensar más. La decisión había sido tomada por los dedos misteriosos del universo de arriba. En la oscuridad, no se había dado cuenta de que era el último en la caja. Lo tomaron del cuello y no tuvo tiempo para sentir a plena consciencia la textura rugosa que le frotaba la frente. Y sin pensarlo, por haber pensado tanto, el cerillo se había cebado y fue lanzado al excusado.  

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